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27 de abril de 2009

Los párpados se levantaron dejando que sus ojos contemplaran aquel ser extraordinario. Luego de un primer deslumbramiento, pudo adecuar su vista al espacio en el que despertaba y posar su mirada sobre la maravillosa bestia que se encontraba delante de él. ¿Era acaso un sueño? ¿Aún estaba dormido? No importaba. Si aquello era un sueño lo descubriría con el paso del tiempo; pero, ahora, sólo deseaba ocupar su atención en ese ser que también lo miraba, un tanto inquieto, un poco nervioso. Ambos se estudiaban. Dos especies de mundos diferentes o quizás uno el sueño del otro, y viceversa. Se pensaban mutuamente como una pregunta recien formulada y cuya respuesta tarda en recordarse o inventarse. Los segundos, o tal vez los siglos, transcurrieron entre ellos hasta que la bestia desapareció por un momento, al mismo tiempo él se inclinaba hacia la izquierda para buscar la pasta dental. Los dos empezaron a reconocerse a medida que cepillaban sus dientes con movimientos sincronizados.

14 de abril de 2009

En la oscuridad del cuarto, de la noche bajo la cama, despiertan los secretos del espíritu menos esperado, la conciencia del mal se abre orgullosa trayendo ideas fantásticas para la durmiente. Estado de casi dormida casi despierta, en el punto exacto del delirio más palpable. Cada mano, de las cientos de manos abarrotadas en espera durante el día, ocultas debajo del lugar del sueño, trae un terror diferente. Luchan por salir, todas a la vez, cuando se apaga la inhibidora luz. Suben como arañas de patas largas, dedos flacos, y reptan, luego, como culebras hambrientas sobre la colcha.
Agotado gato duerme diurno mientras me urno en la urna de mi abuela en polvo. Pero… ¡Qué olmo! Es el colmo que con su copa tupida me tape la tapa cerca de la tapia tapiada por el tapiador que también hace a veces de tapicero que muy barato me cobró por el tapete tapetado en el que descansa el gato cobre tejano que sí está caliente.