Eh vos
tatacombo
soy yo
dí
no me oyes
tataconco
soy yo sin vos
sin voz
aquí yollando
con mi yo sólo solo que yolla y yolla y yolla
entre mis subyollitos tan nimios micropsíquicos
lo sé
lo sé y tanto
desde el yo mero mínimo al verme yo harto en todo
junto a mis ya muertos y revivos yoes siempre
siempre yollando y yoyollando siempre
por qué
si sos
por qué dí
eh vos
no me oyes
tatatodo
por qué tanto yollar
responde
y hasta cuando.
(Oliverio Girondo, de En la masmédula)
29 de julio de 2009
LEJOS, DESDE MI COLINA
A veces sólo era un llamado de arena en las ventanas,
una hierba que de pronto temblaba en la pradera quieta,
un cuerpo transparente que cruzaba los muros con blandura
dejándome en los ojos un resplandor helado,
o el ruido de una piedra recorriendo la indecible tiniebla de la medianoche;
a veces, sólo el viento.
Reconocía en ellos distantes mensajeros
de un país abismado con el mundo bajo las altas sombras de mi frente.
Yo los había amado, quizás, bajo otro cielo,
pero la soledad,las ruinas y el silencio eran siempre los mismos.
Más tarde, en la creciente noche,
miraba desde arriba la cabeza inclinada de una mujer vestida de congoja
que marchaba a través de todas sus edades como por un jardín
antiguamente amado.
Al final del sendero, antes de comenzar la durmiente planicie,
un brillo memorable, apenas un color pálido y cruel, la despedía;
y más allá no conocía nada.
¿Quién eras tú, perdida entre el follaje como las anteriores primaveras,
como alguien que retorna desde el tiempo a repetir los llantos,
los deseos, los ademanes lentos con que antaño entreabría sus días?
Sólo tú, alma mía.
Asomada a mi vida lo mismo que a una música remota,
para siempre envolvente,
escuchabas, suspendida quién sabe de qué muro de tierno desamparo,
el rumor apagado de las hojas sobre la juventud adormecida,
y elegías lo triste, lo callado, lo que nace debajo del olvido.
¿En qué rincón de ti,
en qué desierto corredor resuenan los pasos clamorosos de una alegre estación,
el murmullo del agua sobre alguna pradera que prolongaba el cielo,
el canto esperanzado con que el amanecer corría a nuestro encuentro
y también las palabras, sin duda tan ajenas al sitio señalado,
en las que agonizaba lo imposible?
Tú no respondes nada, porque toda respuesta de ti ha sido dada.
Acaso hayas vivido solamente
aquello que al arder no deja más que polvo de tristeza inmortal,
lo que saluda en ti, a través del recuerdo,
una eterna morada que al recibirnos se despide.
Tú no preguntas nada, nunca, porque no hay nadie ya que te responda.
Pero allá, sobre las colinas,
tu hermana, la memoria, con una rama joven aún entre las manos,
relata una vez más la leyenda inconclusa de un brumoso país.
(Olga Orozco, de "DESDE LEJOS")
una hierba que de pronto temblaba en la pradera quieta,
un cuerpo transparente que cruzaba los muros con blandura
dejándome en los ojos un resplandor helado,
o el ruido de una piedra recorriendo la indecible tiniebla de la medianoche;
a veces, sólo el viento.
Reconocía en ellos distantes mensajeros
de un país abismado con el mundo bajo las altas sombras de mi frente.
Yo los había amado, quizás, bajo otro cielo,
pero la soledad,las ruinas y el silencio eran siempre los mismos.
Más tarde, en la creciente noche,
miraba desde arriba la cabeza inclinada de una mujer vestida de congoja
que marchaba a través de todas sus edades como por un jardín
antiguamente amado.
Al final del sendero, antes de comenzar la durmiente planicie,
un brillo memorable, apenas un color pálido y cruel, la despedía;
y más allá no conocía nada.
¿Quién eras tú, perdida entre el follaje como las anteriores primaveras,
como alguien que retorna desde el tiempo a repetir los llantos,
los deseos, los ademanes lentos con que antaño entreabría sus días?
Sólo tú, alma mía.
Asomada a mi vida lo mismo que a una música remota,
para siempre envolvente,
escuchabas, suspendida quién sabe de qué muro de tierno desamparo,
el rumor apagado de las hojas sobre la juventud adormecida,
y elegías lo triste, lo callado, lo que nace debajo del olvido.
¿En qué rincón de ti,
en qué desierto corredor resuenan los pasos clamorosos de una alegre estación,
el murmullo del agua sobre alguna pradera que prolongaba el cielo,
el canto esperanzado con que el amanecer corría a nuestro encuentro
y también las palabras, sin duda tan ajenas al sitio señalado,
en las que agonizaba lo imposible?
Tú no respondes nada, porque toda respuesta de ti ha sido dada.
Acaso hayas vivido solamente
aquello que al arder no deja más que polvo de tristeza inmortal,
lo que saluda en ti, a través del recuerdo,
una eterna morada que al recibirnos se despide.
Tú no preguntas nada, nunca, porque no hay nadie ya que te responda.
Pero allá, sobre las colinas,
tu hermana, la memoria, con una rama joven aún entre las manos,
relata una vez más la leyenda inconclusa de un brumoso país.
(Olga Orozco, de "DESDE LEJOS")
23 de julio de 2009
La conciencia del fuego apagó la de la tierra. Mi visión del mundo se resuelve en un adiós dudoso, en un prometedor nunca.
Culpa por haberme ilusionado con el presunto poder del lenguaje.
Todo es un interior. Por lo tanto, el poema es incapaz de aludir hasta a las sombras más visibles y menos traidoras.
Hablar es comentar lo que place o disgusta. Lenguaje visceral constatador de los fantasmas de las apariencias.
Escribir no es más lo mío. Con sólo nombrar alcoholes temibles, yo me embriagaba. Ahora -lo peor es ahora, no el miedo a un desastre futuro sino la de algún modo voluptuosa constatación del presente infuso de presencias desmoronadas y hostiles. Ya no es eficaz para mí el lenguaje que heredé de unos extraños. Tan extranjera, tan sin patria, sin lengua natal. Los que decían: "y era nuestra herencia una red de agujeros", hablaban, al menos, en plural. Yo hablo desde mí, si bien mi herida no dejará de coincidir con la de alguna supliciada que algún día me leerá con fervor por haber logrado, yo, decir que no puedo decir nada.
(Pizarnik, Alejandra. Prosa Completa, Ed. Lumen)
Culpa por haberme ilusionado con el presunto poder del lenguaje.
Todo es un interior. Por lo tanto, el poema es incapaz de aludir hasta a las sombras más visibles y menos traidoras.
Hablar es comentar lo que place o disgusta. Lenguaje visceral constatador de los fantasmas de las apariencias.
Escribir no es más lo mío. Con sólo nombrar alcoholes temibles, yo me embriagaba. Ahora -lo peor es ahora, no el miedo a un desastre futuro sino la de algún modo voluptuosa constatación del presente infuso de presencias desmoronadas y hostiles. Ya no es eficaz para mí el lenguaje que heredé de unos extraños. Tan extranjera, tan sin patria, sin lengua natal. Los que decían: "y era nuestra herencia una red de agujeros", hablaban, al menos, en plural. Yo hablo desde mí, si bien mi herida no dejará de coincidir con la de alguna supliciada que algún día me leerá con fervor por haber logrado, yo, decir que no puedo decir nada.
(Pizarnik, Alejandra. Prosa Completa, Ed. Lumen)
27 de abril de 2009
Los párpados se levantaron dejando que sus ojos contemplaran aquel ser extraordinario. Luego de un primer deslumbramiento, pudo adecuar su vista al espacio en el que despertaba y posar su mirada sobre la maravillosa bestia que se encontraba delante de él. ¿Era acaso un sueño? ¿Aún estaba dormido? No importaba. Si aquello era un sueño lo descubriría con el paso del tiempo; pero, ahora, sólo deseaba ocupar su atención en ese ser que también lo miraba, un tanto inquieto, un poco nervioso. Ambos se estudiaban. Dos especies de mundos diferentes o quizás uno el sueño del otro, y viceversa. Se pensaban mutuamente como una pregunta recien formulada y cuya respuesta tarda en recordarse o inventarse. Los segundos, o tal vez los siglos, transcurrieron entre ellos hasta que la bestia desapareció por un momento, al mismo tiempo él se inclinaba hacia la izquierda para buscar la pasta dental. Los dos empezaron a reconocerse a medida que cepillaban sus dientes con movimientos sincronizados.
14 de abril de 2009
En la oscuridad del cuarto, de la noche bajo la cama, despiertan los secretos del espíritu menos esperado, la conciencia del mal se abre orgullosa trayendo ideas fantásticas para la durmiente. Estado de casi dormida casi despierta, en el punto exacto del delirio más palpable. Cada mano, de las cientos de manos abarrotadas en espera durante el día, ocultas debajo del lugar del sueño, trae un terror diferente. Luchan por salir, todas a la vez, cuando se apaga la inhibidora luz. Suben como arañas de patas largas, dedos flacos, y reptan, luego, como culebras hambrientas sobre la colcha.
Agotado gato duerme diurno mientras me urno en la urna de mi abuela en polvo. Pero… ¡Qué olmo! Es el colmo que con su copa tupida me tape la tapa cerca de la tapia tapiada por el tapiador que también hace a veces de tapicero que muy barato me cobró por el tapete tapetado en el que descansa el gato cobre tejano que sí está caliente.
Despropósito griego
Me encuentro dinosauriamente patofona
macrocacocromata
y casi necrófaga de bibliomelanos.
Mi criptopsiquis está falta de erotermo,
ningún calofilo
ni siquiera un onirocardio...
Nosomanía que me esquizofoba
como un actinoacro,
aeroalgia que me dicocefala
el microcrono de mi biohipnosis
¡hemocinemato del aristocosmos!
macrocacocromata
y casi necrófaga de bibliomelanos.
Mi criptopsiquis está falta de erotermo,
ningún calofilo
ni siquiera un onirocardio...
Nosomanía que me esquizofoba
como un actinoacro,
aeroalgia que me dicocefala
el microcrono de mi biohipnosis
¡hemocinemato del aristocosmos!
31 de marzo de 2009
22 de marzo de 2009
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