14 de abril de 2009

En la oscuridad del cuarto, de la noche bajo la cama, despiertan los secretos del espíritu menos esperado, la conciencia del mal se abre orgullosa trayendo ideas fantásticas para la durmiente. Estado de casi dormida casi despierta, en el punto exacto del delirio más palpable. Cada mano, de las cientos de manos abarrotadas en espera durante el día, ocultas debajo del lugar del sueño, trae un terror diferente. Luchan por salir, todas a la vez, cuando se apaga la inhibidora luz. Suben como arañas de patas largas, dedos flacos, y reptan, luego, como culebras hambrientas sobre la colcha.

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